Por Mente Alternativa
La dinámica de poder global está cambiando de manera irreversible, y Eurasia se ha convertido en el epicentro del nuevo gran juego geopolítico. Mientras Estados Unidos y sus aliados aún perciben Europa y Asia como espacios de competencia separados, China y Rusia consolidan una integración estratégica y militar que redefine la balanza global. Como señalan analistas de la influyente Foreign Affairs, la coordinación de políticas económicas, tecnológicas y militares entre Moscú y Pekín, junto con el rol de aliados como Irán, crea un bloque eurasiático que Occidente apenas logra comprender, mucho menos contener.
En el plano militar, la disuasión rusa se ha reforzado con desarrollos estratégicos como el misil nuclear Burevestnik y el torpedo autónomo nuclear Poseidón, mientras China consolida su fuerza en el Pacífico mediante modernización naval, cibercapacidad y control de rutas marítimas clave. Estos factores limitan la capacidad de intervención directa de Estados Unidos, que se ve obligado a replantear su estrategia más allá de sanciones y posturas tradicionales, buscando un enfoque integral que conecte Atlántico y Pacífico bajo un mismo esquema operativo, aunque con resultados inciertos debido a los distintos intereses de los aliados europeos y asiáticos.
Ante este panorama, Washington recurre a tácticas más indirectas: dividir al bloque BRICS. Richard Fontaine y Gibbs McKinley, analistas de corte republicano, recomiendan explotar las diferencias internas entre los miembros de esta alianza. Mientras China y Rusia constituyen la cara confrontativa frente a Occidente, países como Brasil, India y Sudáfrica podrían ser persuadidos, con incentivos económicos o estratégicos, de adoptar posturas más favorables a Estados Unidos. La meta es impedir que BRICS alcance un consenso sólido en torno a la desdolarización, sistemas de pago alternativos y cooperación financiera autónoma, lo que socavaría el poder económico global estadounidense.
Sin embargo, las posibilidades de éxito son limitadas. Los miembros de BRICS, conscientes de los intentos históricos de Washington por dividirlos, generalmente anticipan los riesgos de aceptar “regalos condicionados” y mantienen un grado significativo de autonomía frente a los designios estadounidenses. Esto evidencia que, mientras Occidente puede aspirar a sabotear la integración eurasiática y fragmentar temporalmente bloques emergentes, no tiene capacidad de detener el avance de la fuerza económica y militar combinada de China y Rusia en Eurasia. La estrategia occidental se reduce así a contener desde dentro, fomentando divisiones internas y agendas paralelas, mientras Eurasia se perfila cada vez más como el núcleo de un orden multipolar en el que Occidente ya no decide solo.