Por Mente Alternativa
En una presentación profunda y panorámica para Asia TV, el doctor Gueorgy Malinetsky, matemático, físico y uno de los principales especialistas rusos en sinergética y teoría de sistemas complejos, ha ofrecido una clase magistral sobre los desafíos globales y la imperiosa necesidad de un pensamiento sistémico para la élite gobernante y científica. Su exposición, una mezcla de rigor académico y crítica mordaz, traza un mapa de las crisis contemporáneas, desde la educación y la economía hasta la geopolítica y la identidad cultural, siempre con la mirada puesta en la construcción de un futuro viable en el emergente orden multipolar. Malinetsky no solo diagnostica los problemas sino que señala rutas de escape concretas, basadas en la autoorganización, la planificación estatal a largo plazo y la recuperación de un proyecto nacional soberano.
La educación, para Malinetsky, es la variable clave, aunque lenta, que define el destino de las naciones. Con una crítica directa a las reformas neoliberales que han asolado tanto a Rusia como a gran parte del mundo, señala cómo la desinversión en el sistema educativo condena a un país a la mediocridad científica y tecnológica. Relata con preocupación cómo en Rusia, al igual que en el ejemplo argentino que analiza, se intenta dar educación superior a quienes ni siquiera tienen una base escolar sólida, un experimento condenado al fracaso. La devaluación social del conocimiento se hace palpable en su comparación entre el salario de un investigador científico y el de un repartidor de pizzas, una distorsión que la sociedad paga caro en pérdida de competitividad y soberanía. Este abandono ha generado una crisis de calidad, ejemplificada con la anécdota de los estudiantes que hacen trampa usando dispositivos de escucha, donde el sistema premia la simulación del conocimiento sobre su adquisición real. La solución, insiste, no está en teorías libertarias o anacrónicas, sino en restaurar el valor social de la educación y la cultura, pilares sin los cuales es imposible formar la élite científica e ingenieril que el mundo complejo demanda.
La geopolítica actual, según el experto, se rige por una lógica de poder puro, un mundo donde, parafraseando a «Harry Potter», «solo hay poder». En este escenario, la diplomacia solo es efectiva cuando está respaldada por la fuerza real de un Estado. Malinetsky esboza un panorama desolador de la inestabilidad global, donde organismos internacionales como la ONU carecen de la autoridad para imponer la paz, y las potencias, en lugar de apagar incendios, los avivan con gasolina. Señala la contradicción en la política occidental, donde una mano promueve la paz en Ucrania mientras la otra suministra armas de largo alcance y sistemas de comunicación como Starlink, que alimentan directamente el conflicto. Frente a esta realidad, aboga por una negociación seria, advirtiendo sobre los riesgos de una escalada que, con las armas actuales, podría desembocar en un holocausto nuclear. La multipolaridad, por tanto, no será un regalo, sino una construcción consciente que requiere de un equilibrio de poderes y, sobre todo, de una racionalidad estratégica que hoy brilla por su ausencia en muchos foros internacionales.
Para Rusia, Malinetsky propone tres proyectos estratégicos de Estado, similares en envergadura al nuclear y espacial soviéticos, que permitirían una nueva industrialización y recuperar el liderazgo científico-tecnológico. El primero y más urgente es un macroproyecto informático que desarrolle una base elemental de electrónica y microchips nacional, sin la cual el país queda a merced de tecnologías extranjeras y consume cantidades prohibitivas de energía. El segundo gran proyecto es una revolución en biotecnología y medicina, un campo que promete redefinir la vida humana pero que conlleva profundas tentaciones éticas, lo que él denomina «el regalo de Lucifer». El tercer proyecto se centra en el desarrollo y la habitabilidad de las vastas e inhóspitas regiones de Rusia, mediante tecnologías innovadoras que permitan crear entornos habitables bajo cúpulas y dominar logísticamente un territorio continental. Estos proyectos no son solo técnicos; son la columna vertebral de una nueva autoorganización nacional que movilice el talento y los recursos hacia un objetivo común.
En el plano del análisis histórico, Malinetsky es un pionero de la cliodinámica o historia matemática, una disciplina que aplica ecuaciones y modelos de sistemas complejos para entender los procesos históricos a largo plazo. Frente a las narrativas tradicionales centradas en «grandes hombres», esta aproximación busca las causas profundas en factores como el clima, la demografía y las rutas comerciales. Su objetivo es ambicioso: dotar a la historia de un «modo subjuntivo», permitiendo a los gobernantes evaluar escenarios y elegir entre diferentes caminos de desarrollo con base en modelos predictivos, y no solo en promesas electorales. Esta herramienta es vital para enfrentar los «desafíos serios» del siglo XXI, como el fracaso cultural —la pérdida de influencia global del idioma ruso— y el colapso demográfico, donde Rusia, con 1.4 hijos por mujer, camina hacia una drástica reducción poblacional.
El concepto de autoorganización emerge como el pilar filosófico y práctico de su pensamiento. En un país de clima extremo como Rusia, con costos de construcción y supervivencia elevadísimos, el éxito depende de la capacidad de cooperación espontánea y descentralizada de sus ciudadanos. La autoorganización, desde una fila ordenada hasta Internet, es el mecanismo que permite a la humanidad alcanzar metas que superan ampliamente la capacidad individual. Malinetsky critica ferozmente la mentalidad del «sálvese quien pueda» que fomentaron las reformas de los 90, que destruyeron la cohesión social soviética y llevaron a la privatización de bienes comunes como la educación y la vivienda, creando una sociedad fragmentada e incapaz de responder a desafíos colectivos. La recuperación de un alto nivel de autoorganización no es una opción, sino una condición de supervivencia para Rusia en el contexto geopolítico y geográfico que le ha tocado. La lucidez de Gueorgy Malinetsky no ofrece consuelos fáciles, sino un camino arduo pero necesario: el de la razón aplicada, la planificación audaz y la reconstrucción del tejido social, único antídoto real contra la confusión y el relato impuesto que caracterizan a nuestra época.
Notas a pie de página
1. Gueorgy Malinetsky, en Asia TV: El mito de la libertad: Cómo Occidente se autodestruye. 14 de octubre de 2025.