Por Mente Alterntativa
En el ensayo “Aviso Público Internacional: Por qué las mentiras británicas importan a todo el mundo”, firmado por Anna Von Reitz (1), se despliega una tesis radical que interpela los fundamentos históricos, jurídicos y políticos del sistema británico moderno, señalando que el fraude de jurisdicción británica no solo ha sido una anomalía interna, sino un mecanismo expansivo que ha condicionado el orden internacional durante más de tres siglos. El texto plantea que, tras la consagración de los principios de John Locke en 1688, especialmente a través del Acta de Coronación y la Declaración de Derechos, se estableció un marco en el que el poder del monarca quedaba subordinado al bien público, bajo una jerarquía donde lo divino, lo humano y el Estado ocupaban posiciones claramente delimitadas.
Sin embargo, el giro decisivo se habría producido en 1702 con la ascensión de la reina Ana, momento en que —según el argumento— la monarquía británica habría encontrado una vía de escape a las limitaciones constitucionales mediante un cambio de jurisdicción: del ámbito terrestre al marítimo. Este desplazamiento no sería geográfico, sino jurídico, permitiendo que el monarca operara bajo un sistema distinto, desligado de las restricciones impuestas por la ley constitucional. En este punto emerge el núcleo conceptual del fraude de jurisdicción británica: un “Bait and Switch”, es decir, una promesa de gobierno limitado que en la práctica se transforma en poder absoluto.
El texto sostiene que esta dualidad entre el “Rey de Inglaterra” sujeto a la ley terrestre y el “Monarca Británico” operando bajo el derecho marítimo ha permitido consolidar un sistema de poder encubierto, donde la ciudadanía cree estar protegida por garantías constitucionales que en realidad han sido evadidas. Este mecanismo, según la autora, se habría perpetuado durante generaciones, consolidando una estructura de dominación basada en la reinterpretación interesada de la jurisdicción legal.
Uno de los elementos más polémicos del ensayo es la referencia al caso “Regina v Mu’ad Dibh (John Anthony Hill).”, utilizado como evidencia de que Elizabeth II habría abandonado la jurisdicción terrestre poco después de su coronación, operando desde entonces bajo un marco legal distinto. Esta afirmación refuerza la idea de que el fraude de jurisdicción británica no es un fenómeno abstracto, sino una práctica institucionalizada que ha permitido la expansión del poder monárquico bajo formas aparentemente constitucionales.
El argumento se amplía al señalar que este modelo no solo ha afectado al Reino Unido, sino que ha sido exportado a través del Imperio Británico y sus estructuras derivadas, incluyendo tratados internacionales que, aunque presentados como acuerdos terrestres, funcionarían en realidad bajo lógica marítima. Esta reinterpretación implicaría que numerosos compromisos legales internacionales estarían viciados desde su origen, al haber sido establecidos bajo condiciones de ambigüedad jurisdiccional.
En el contexto contemporáneo, el ensayo sugiere que este patrón podría estar evolucionando hacia una nueva fase, con la transición hacia una “jurisdicción aérea”, insinuada en la coronación de Carlos III como emperador más que como monarca. Este cambio, de confirmarse, representaría una nueva mutación del fraude de jurisdicción británica, adaptándose a las dinámidades del poder global en el siglo XXI.
La dimensión geopolítica del argumento se vuelve especialmente incisiva cuando se vincula este sistema con conflictos internacionales, incluyendo la situación en Irán, donde se acusa a estructuras vinculadas al poder británico de financiar conflictos en ambos bandos para asegurar beneficios económicos y estratégicos. Esta lógica, basada en la guerra como instrumento de acumulación, refuerza la tesis de un sistema diseñado no para el equilibrio, sino para la explotación.
Más allá de la veracidad empírica de cada afirmación, el ensayo plantea una crítica profunda sobre la naturaleza del poder, la legitimidad del derecho y la fragilidad de las estructuras institucionales cuando son sometidas a reinterpretaciones interesadas. El fraude de jurisdicción británica, en este marco, se convierte en una metáfora —o en una denuncia— de cómo los sistemas legales pueden ser instrumentalizados para consolidar formas de dominación invisibles para la mayoría.
En última instancia, el texto de Anna Von Reitz no solo busca exponer un supuesto engaño histórico, sino provocar una reflexión más amplia sobre la relación entre derecho, soberanía y verdad. Si el poder puede redefinir la jurisdicción para evadir sus propias limitaciones, entonces la cuestión central ya no es qué dice la ley, sino quién tiene la capacidad de interpretarla y desde qué lugar lo hace. Esa, quizás, es la verdadera dimensión del fraude que aquí se denuncia.
Notas a pie de página
1. Von Reitz, Anna: International Public Notice: Why British Lies Matter to the Whole World”; Paul Stramer Lincoln County Watch; 19 de marzo de 2026.
Cómo el Vaticano y la Corona Británica se hicieron subcontratistas para gobernar EEUU