Por Mente Alternativa
El medio Financial Times (1), con reportes adicionales de Sujeet Indap, Eric Platt y Antoine Gara, recoge las declaraciones de Tony Yoseloff, socio director y director de inversiones del fondo de cobertura Davidson Kempner Capital Management, quien advierte que la crisis del capital privado es mucho más profunda de lo que Wall Street ha reconocido públicamente. Según el directivo, una “porción sustancial” de la industria del private equity ya se encuentra en estado de estrés o directamente en situación de insolvencia, lo que revela una fragilidad estructural que ha sido ocultada por métricas tradicionales incapaces de reflejar el deterioro real del mercado de adquisiciones apalancadas.
La crisis del capital privado no es una amenaza lejana, sino una realidad presente. Yoseloff subraya que los problemas actuales no dependen de escenarios futuros, sino de desequilibrios acumulados durante años de dinero barato. El modelo basado en alto apalancamiento, flujos de caja débiles y contratos de deuda flexibles ha generado un entorno propicio para una ola de impagos corporativos. Esta combinación, según Davidson Kempner, es explosiva en un contexto donde las tasas de interés han aumentado y el crecimiento económico es insuficiente para sostener las estructuras financieras construidas en la última década.
El crédito privado, considerado hasta hace poco una de las clases de activos más atractivas en Wall Street, enfrenta ahora una presión creciente. Inversionistas minoristas han comenzado a retirar miles de millones de dólares de fondos semilíquidos, evidenciando una pérdida de confianza. Este fenómeno abre oportunidades para fondos especializados en deuda en dificultades, como Davidson Kempner, que históricamente ha capitalizado crisis corporativas, obteniendo beneficios significativos, como ocurrió tras el colapso de Lehman Brothers.
Fundado en 1983, el fondo ha construido su reputación precisamente en la identificación de oportunidades en situaciones de quiebra o reestructuración. Bajo el liderazgo de Yoseloff desde 2020, ha participado en reestructuraciones relevantes como las de Neiman Marcus y J. Crew durante la pandemia. Sin embargo, más allá de ese episodio puntual, la última década ha ofrecido pocas oportunidades para inversores en activos en dificultades, debido a la abundancia de liquidez global. Esa dinámica parece estar cambiando rápidamente.
Uno de los factores más preocupantes en la crisis del capital privado es la incapacidad de las firmas para salir de sus inversiones. Muchas han recurrido a mecanismos como fondos de continuación o ventas secundarias para generar liquidez, lo que en realidad enmascara la falta de compradores reales. Según Bain & Company, el sector acumuló un récord cercano a los 4 billones de dólares en activos no vendidos, reflejando un bloqueo estructural en la monetización.
A esto se suma la proliferación de estrategias de consolidación de pequeños negocios —como lavaderos de autos o corredurías de seguros— cuyos resultados han sido dispares. En un entorno de tasas más altas, estas estructuras altamente apalancadas enfrentan crecientes dificultades para sostener su rentabilidad. Yoseloff considera que muchas firmas de private equity podrían desaparecer en los próximos años, especialmente ante la dificultad para recaudar nuevos fondos.
El aumento de las tasas de interés ha alterado completamente las matemáticas del sector. Muchas inversiones realizadas entre 2019 y 2022, especialmente en el sector tecnológico, han perdido su colchón de capital debido a la caída de las valoraciones. En particular, los múltiplos del software han descendido drásticamente, dificultando cualquier recuperación. Este ajuste revela que numerosos préstamos concedidos en un entorno de tasas bajas eran, en retrospectiva, insostenibles.
En paralelo, el crédito privado muestra señales crecientes de deterioro. Los prestatarios recurren cada vez más a mecanismos como el “payment-in-kind” (PIK), que permite capitalizar intereses en lugar de pagarlos en efectivo, aplazando así los incumplimientos. Sin embargo, esta práctica solo difiere el problema. Davidson Kempner estima que existen 768 mil millones de dólares en deuda en situación de estrés en los mercados de préstamos apalancados y crédito directo en Estados Unidos.
Otro indicador alarmante es el deterioro de los ratios de cobertura de intereses. La proporción de empresas incapaces de cubrir adecuadamente sus pagos de deuda con sus beneficios se ha más que duplicado desde 2019, evidenciando una presión financiera creciente. Este deterioro estructural confirma que la crisis del capital privado no es un fenómeno aislado, sino sistémico.
A pesar de ello, el mercado aún no ha presenciado ventas masivas de activos, lo que sugiere que la fase más aguda de la crisis podría estar por comenzar. Según Suzanne Gibbons, responsable de investigación en Davidson Kempner, el proceso apenas está en su “primera entrada”, utilizando una metáfora deportiva para indicar que el ciclo de oportunidades en activos en dificultades apenas comienza. El fondo ya ha adquirido deuda de empresas privadas para tomar control mediante reestructuraciones, anticipando un escenario donde estas operaciones se multiplicarán.
En este contexto, la crisis del capital privado emerge como una de las principales amenazas latentes para el sistema financiero global. Lo que durante años fue presentado como un motor de rentabilidad superior se revela ahora como un entramado frágil, sostenido por condiciones financieras excepcionales que han desaparecido. La incapacidad de Wall Street para reconocer plenamente esta realidad no elimina el problema, sino que aumenta el riesgo de un ajuste abrupto con consecuencias sistémicas.
Notas a pie de página
- Financial Times: Wall St underestimates private capital problems, says top credit hedge fund; marzo 16, 2026.