Por Mente Alternativa
En una intervención para el programa *Breaking Free of Scops* de Badlands Media, el historiador Matthew Ehret se enfrenta a una de las narrativas conspirativas más extendidas y, paradójicamente, más simplistas de nuestro tiempo: la «mafia jázara». En su análisis, Ehret no niega la existencia histórica del reino jázaro ni su conversión al judaísmo, sino que desmonta la instrumentalización de este pueblo como la cúspide de una pirámide ocultista que controla el mundo. La tesis de Ehret, que bebe de las investigaciones de Pier Beaudry y Mike King, es que la obsesión por identificar a los jázaros como el «mal absoluto» no solo es históricamente errónea, sino que sirve como una cortina de humo que oculta la estructura real del poder: un entramado de órdenes caballerescas, dinastías patricias y cultos mistéricos que operan desde mucho antes de que los jázaros existieran como reino.
Para comprender por qué los jázaros no son la cúspide de la pirámide, es necesario despojarse de la leyenda negra y observar lo que realmente fue el reino jázaro entre los siglos VIII y X. Lejos del «Mordor» de la imaginación conspirativa, los jázaros eran un pueblo túrquico semisedentario que, según los cronistas islámicos Al-Masudi y Abu al-Istakhri, se caracterizaba por una asombrosa tolerancia religiosa. Ehret señala, siguiendo a estos historiadores, que la corte de King Bulan —el monarca que adoptó el judaísmo como religión de estado— estableció un tribunal supremo compuesto por dos jueces judíos, dos cristianos, dos musulmanes y un pagano. Este sistema, único en su época, reflejaba una voluntad de convivencia que desmiente la imagen de un imperio militarista y excluyente.
Más aún, la alianza militar entre la Jazaria judía y el califato abasí musulmán, que proporcionaba un ejército de diez mil soldados musulmanes para defender el reino jázaro, muestra un nivel de cooperación interestatal que los impulsores del mito de la «mafia jázara» prefieren ignorar. Esta alianza, junto con el papel de los comerciantes judíos radanitas —políglotas que facilitaban el comercio entre Europa, Asia y el mundo islámico—, convirtió a Jazaria en un eslabón crucial de la Ruta de la Seda.
La transformación de los jázaros en el arquetipo del mal es, como documenta Ehret, un proceso relativamente reciente. Aunque la hipótesis de que los judíos askenazíes descienden de los jázaros se remonta al siglo XIX, con autores como Ernest Renan e Isidore Loeb, fue el libro de Arthur Koestler, La decimotercera tribu (1976), el que popularizó la idea. Koestler, un judío húngaro que buscaba combatir el antisemitismo racial, argumentó que los judíos de Europa del Este no descendían de los israelitas bíblicos, sino de los jázaros convertidos, lo que, en su opinión, invalidaba la base racial del antisemitismo. La idea se fortaleció con los Protocolos de los Sabios de Sion, dando lugar a la noción de una «mafia jázara» que controla los bancos, los medios y los gobiernos del mundo.
La argumentación central de Ehret es que, aunque la élite global incluye a familias de origen jázaro o askenazí —como los Rothschild, Kissinger o Soros—, estas no son más que piezas en un tablero mucho más antiguo y complejo. La verdadera cúspide, según su análisis, está compuesta por órdenes caballerescas y cultos mistéricos que se remontan al Imperio Romano patricio y, más allá, a las tradiciones gnósticas y babilónicas. Estas órdenes —los Templarios, los Hospitalarios, la Orden del Santo Sepulcro, la masonería escocesa del general Albert Pike— son las que realmente orquestan el «divide y vencerás» planetario, utilizando a las familias jázaras como agentes financieros y chivos expiatorios.
Ehret sostiene que el foco en la «mafia jázara» es, en sí mismo, una operación de contrainteligencia: una forma de desviar la atención del lector hacia un enemigo étnico o religioso, mientras se oculta el sistema de deshumanización que realmente perpetúa el poder. Este sistema, que Ehret describe en su libro Revenge of the Mystery Cults, no se basa en la sangre, sino en la ingeniería social de la élite: romper la compasión y la humanidad de los futuros gobernantes para que puedan administrar el imperio sin escrúpulos. La Jazaria, como símbolo, se convierte así en una coartada perfecta: un chivo expiatorio histórico que permite a los verdaderos amos del laberinto permanecer en la sombra.
En definitiva, el mito de la «mafia jázara» no es más que un espejismo que confunde los síntomas con la enfermedad. Al reducir la complejidad de la historia a una lucha de sangre entre tribus, impide comprender la verdadera naturaleza de la dominación: una guerra cultural que ha durado siglos y cuyo objetivo final no es el control del oro o de la tierra, sino la aniquilación del alma humana.
Fuentes consultadas
Matthew Ehret. Breaking Free of Psyops Ep. 18: Khazaria. Canadian Patriot Press. 18 de agosto de 2026.
Edward Burman. The Templars: Knights of God. 1989.
The World of the Khazars: Selected Papers from the Jerusalem 1999 International Khazar Colloquium. Brill. 2007.