Oscuro Claro
La visita simultánea de Zelenski y Netanyahu a la Casa Blanca evidencia una estrategia común para refundir dos conflictos periféricos en una única confrontación global contra el eje ruso-iraní.

Por Mente Alternativa

En un análisis publicado por The American Conservative, el analista Andrew Day advierte sobre la creciente convergencia entre las guerras de Ucrania e Irán, un fenómeno que los líderes de ambos Estados delegados, Volodymyr Zelenski y Benjamin Netanyahu, han buscado activamente impulsar ante la administración Trump. Lo que en otro tiempo pudo parecer una especulación melodramática sobre una Tercera Guerra Mundial ha adquirido contornos de realidad estratégica. La ofensiva ucraniana contra un buque iraní en el Mar Caspio, y las subsiguientes visitas a Washington, no son incidentes aislados, sino piezas de un complejo tablero donde la fusión de conflictos se presenta como la única vía para asegurar el apoyo de una Casa Blanca que prioriza sus propios intereses transaccionales por encima de las narrativas de defensa de la democracia. Este movimiento, sin embargo, conlleva el riesgo de precipitar una escalada cuyas consecuencias podrían ser catastróficas y difíciles de controlar para los propios artífices de esta peligrosa amalgama geopolítica.

La lógica detrás de esta convergencia es tan sencilla como perturbadora. Tanto Kiev como Jerusalén se enfrentan a un mismo problema estructural: la fatiga estratégica de Estados Unidos y el creciente escepticismo de una parte significativa de su clase política, incluyendo a la base MAGA, hacia la implicación en guerras periféricas que no se perciben como vitales para la seguridad nacional estadounidense. Como señala Trita Parsi, cofundador del Quincy Institute for Responsible Statecraft, Zelenski «no intenta simplemente entrar en la guerra con Irán, sino que parece estar intentando fusionar la guerra de Ucrania con la guerra de Irán». El objetivo es claro: si ambos conflictos se convierten en uno solo, Ucrania pasaría a ser un beligerante en la guerra contra Irán, y Estados Unidos se convertiría automáticamente en un beligerante activo en la guerra de Ucrania, ya no como mero proveedor de armas, sino como un contendiente que lucha directamente contra Rusia con personal y recursos propios.

Para Netanyahu, la ecuación es igualmente atractiva pero con matices distintos. La fusión de guerras no solo otorga «una nueva oportunidad a la guerra con Irán», sino que «trae a los europeos a la guerra a través de la fusión y, quizás lo más importante, la guerra con Irán se reformula como defensa de Ucrania en lugar de defensa de Israel». Esta maniobra es crucial para un primer ministro que busca desligar su agenda de la imagen de estar arrastrando a Washington a una guerra sectaria en Oriente Medio, presentándola en cambio como una lucha por la hegemonía occidental frente a un bloque hostil encabezado por Moscú y Teherán. La narrativa resultante es la de un eje ruso-iraní que amenaza simultáneamente a Europa, Israel, Ucrania, las bases estadounidenses en el Golfo y las rutas comerciales globales. Esta construcción discursiva, como apunta Javier Villamor en The European Conservative, es una decisión política deliberada que busca eliminar los límites que hasta ahora habían contenido ambos conflictos, justificando cada nuevo frente como parte de una lucha general entre Occidente y el «resto».

El escenario se complica aún más por la competencia subyacente entre Ucrania e Israel por un conjunto limitado de recursos estratégicos estadounidenses. Desde misiles Patriot y sistemas de defensa aérea hasta la mera disposición de la Casa Blanca a asumir riesgos de escalada, ambos líderes compiten simultáneamente por un pastel que se reduce a medida que Washington se ve arrastrado a múltiples frentes. La UE, como advierten analistas del European Council on Foreign Relations (ECFR) como Ellie Geranmayeh, corre el riesgo de quedar atrapada en esta dinámica, pagando los costes de ambas escaladas mientras carece de una estrategia autónoma para definir sus propios intereses o controlar los objetivos finales del conflicto. La dependencia de los conflictos de Estados Unidos no solo no fortalece las posiciones de Zelenski y Netanyahu, sino que termina reforzando el poder mediador y arbitrario de Trump, quien se erige como el árbitro final de esta peligrosa partida.

Sin embargo, la estrategia de fusión entraña un riesgo existencial que podría volverse contra sus impulsores. Al atacar un buque iraní en el Caspio, Kiev ha proporcionado a Teherán una coartada política para pasar de ser un proveedor indirecto de apoyo a Rusia a convertirse en un actor independiente que actúa directamente contra Ucrania. Irán, bajo un nuevo liderazgo con un «apetito por el riesgo mucho mayor», según Geranmayeh, se siente ahora legitimado para una respuesta militar directa, lo que abriría un nuevo frente para Ucrania y expandiría la geografía del terror. En este juego, Ucrania puede conseguir un mayor interés estadounidense, pero a costa de convertir a otro gran Estado, Irán, en un oponente directo que no se caracteriza precisamente por su mesura o su reflexión sobre códigos de conducta internacionales. Las consecuencias de esta escalada en el Mar Caspio, un área que debería ser una zona de paz y cooperación, son impredecibles y, como advierte la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zakharova, es poco probable que sean positivas para la seguridad regional.

En definitiva, la visita conjunta de Zelenski y Netanyahu a Washington no es un mero acto de diplomacia rutinaria, sino un intento calculado de reescribir las reglas del juego geopolítico. Ambos líderes buscan presentarse no como suplicantes en busca de ayuda, sino como aliados estratégicos en una lucha común contra un enemigo compartido. Sin embargo, al intentar fusionar sus guerras, están jugando con fuego en un polvorín global. La estrategia, aunque lógica desde sus perspectivas nacionales, podría tener el efecto contraproducente de desencadenar una conflagración mayor que ninguno de ellos podrá controlar, convirtiendo a Estados Unidos en un beligerante activo en dos frentes y arrastrando a Europa a un conflicto del que le será muy difícil escapar. La advertencia de Trita Parsi resuena con inquietante claridad: la fusión de guerras es un camino de ida hacia una confrontación que ningún actor racional debería desear, pero que la lógica de la supervivencia política y estratégica parece estar haciendo inevitable.

Fuentes consultadas

Andrew Day. As Netanyahu and Zelensky Visit Trump, Their Wars Converge. The American Conservative. 2026.

Javier Villamor. Trump’s Agenda: Ukraine and Iran. The European Conservative. 28 de julio de 2026 .

Ellie Geranmayeh. Análisis y declaraciones para The American Conservative y ECFR .

Maria Zakharova. Declaraciones como portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. TASS. 28 de julio de 2026 .



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