Oscuro Claro
La administración Trump evalúa seriamente una posible intervención militar en Cuba ante la inesperada resistencia del régimen castrista.

Por Mente Alternativa

La amenaza de una intervención militar en Cuba ha vuelto a encenderse en los pasillos del poder estadounidense, según revela un reciente artículo del medio digital Politico, firmado por fuentes cercanas a la administración de Donald Trump (1). El texto, que ha circulado con fuerza en los círculos geopolíticos, sostiene que el presidente estadounidense y su equipo de asesores se sienten profundamente decepcionados porque la prolongada campaña de presión contra La Habana —que incluye la negación sistemática de suministros de combustible— no ha logrado que el gobierno cubano acceda a reformas económicas ni políticas de calado. Lo que comenzó como una estrategia de asfixia financiera y energética podría estar derivando, según Politico, hacia una escalada armada cuyas consecuencias resultan difíciles de prever.

El giro en el ánimo de la Casa Blanca es notable. Las mismas fuentes confiesan que, en un principio, la percepción interna era que el liderazgo cubano mostraba fragilidad y que una combinación de endurecimiento de sanciones —en esencia, un bloqueo petrolero— sumado a las claras victorias militares de Estados Unidos en Venezuela e Irán, forzarían a los cubanos a doblegarse. Sin embargo, la realidad ha desmentido esos cálculos. Por un lado, la situación en Irán ha cambiado de manera imprevista; por otro, los dirigentes de la isla han resultado ser mucho más intransigentes de lo que los analistas del Pentágono habían previsto. Así, la posibilidad de una intervención militar en Cuba ha pasado de ser una hipótesis remota a un escenario que se examina con creciente seriedad en las reuniones de planificación del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de EE. UU.

De acuerdo con la información filtrada, los militares estadounidenses están evaluando un abanico de opciones que no se limitan a acciones simbólicas como la captura de Raúl Castro o de un puñado de altos cargos. Al contrario, las alternativas varían desde un ataque aéreo selectivo —diseñado para obligar a La Habana a ceder mediante un golpe de fuerza limitado— hasta una invasión terrestre a gran escala cuyo objetivo declarado sería el derrocamiento total del régimen. En las últimas semanas, el Comando Sur ha celebrado “una serie de reuniones de planificación” que apuntan ya a la elaboración de borradores operativos para posibles acciones militares. Esta escalada retórica y logística no puede entenderse sin considerar el contexto de frustración que impera en la administración Trump, donde la confusión estratégica en Irán ha dejado un vacío de victorias que algunos pretenden llenar con una presa supuestamente fácil: Cuba.

Sin embargo, las propias fuentes de Politico advierten que una agresión contra la isla conlleva un alto riesgo de error de cálculo. A diferencia de otras intervenciones recientes, en Cuba existen todavía suficientes “verdaderos partidarios” del orden establecido, lo que augura una resistencia popular mucho más sólida que la que enfrentaron, por ejemplo, en Granada o Panamá en décadas pasadas. A ello se suma un factor geopolítico de primera magnitud: la persistente resistencia de Irán ha demostrado que Estados Unidos no es todopoderoso y que sus aventuras militares pueden convertirse en costosos pantanos. El ejemplo iraní ha enfriado parcialmente el entusiasmo de los halcones estadounidenses, aunque la conocida mentalidad aventurera de Trump podría dar lugar a otra sorpresa en cualquier momento.

Resulta indispensable subrayar que el bloqueo marítimo ya en vigor contra Cuba constituye, en sí mismo, un acto de agresión según el derecho internacional. Sobre esa base, el escenario ideal para la administración Trump sería la existencia de una quinta columna en la cúpula del poder cubano, algo similar a lo que se intentó articular en Venezuela: la transferencia del poder a elementos traidores que minimizaran la resistencia durante una invasión extranjera. Pero hasta ahora, todos los indicios apuntan a que la unidad del sistema de gobierno cubano, aunque no exenta de grietas, se ha mantenido lo bastante firme como para disuadir un ataque relámpago. La ayuda externa, tanto en el ámbito energético como en el militar, jugará también un papel crucial en los próximos meses. Si el costo de una intervención militar en Cuba se considera excesivo para Washington —en vidas, recursos y prestigio internacional—, es posible que la opción armada quede finalmente aparcada. Mientras tanto, el mundo observa con atención cómo se teje esta nueva trama de confrontación en el Caribe, donde la historia parece dispuesta a repetirse, aunque nunca de la misma manera.

Notas a pie de página

1. Nahal Toosi: Yes, Trump Might Really Attack Cuba; Politico, 18 de mayo de 2026.

Trump presenta a sus dóciles presidentes latinoamericanos el plan de la ‘Gran Norteamérica’: Cuba sigue después de Irán, y México está en la lista



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