Por Mente Alternativa
Mientras el primer ministro británico Keir Starmer insiste públicamente en que el Reino Unido “no cree en el cambio de régimen desde el aire” y afirma haber aprendido las lecciones de la guerra de Irak, los hechos muestran una realidad más compleja. A once días del inicio de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán, el gobierno británico ya se encuentra profundamente implicado en la logística, la infraestructura militar y las operaciones defensivas vinculadas al conflicto. Esta participación, revelada en un análisis de la periodista investigativa Dania Akkad (1), sugiere que Londres ha desempeñado un papel mucho más activo del que reconoce públicamente.
De hecho, la implicación británica comenzó meses antes de que estallaran oficialmente las hostilidades. Según los datos recopilados por activistas y rastreadores de vuelos militares, desde enero de 2026 aviones estadounidenses comenzaron a utilizar bases británicas como punto de tránsito hacia Oriente Medio. Esto ocurrió después de que el presidente estadounidense Donald Trump declarara que Estados Unidos estaba “locked and loaded” —es decir, listo para actuar— en apoyo de protestas contra el gobierno iraní.
Las bases militares británicas se convirtieron así en una pieza clave de la cadena logística estadounidense. Aviones militares han transitado por instalaciones como RAF Lakenheath y RAF Mildenhall, en el condado de Suffolk, así como por el aeropuerto civil de Prestwick, en Escocia. Según el grupo activista Lakenheath Alliance for Peace, más de cien cazas estadounidenses partieron desde Lakenheath hacia Oriente Medio desde enero. A ello se suman más de 25 aviones de transporte C-17, utilizados habitualmente para trasladar tropas, armamento y equipamiento militar antes del inicio de operaciones de combate.
Para los analistas críticos de esta actividad, el volumen de vuelos demuestra que las bases británicas han sido estratégicamente fundamentales para la preparación de la guerra. De hecho, uno de los cazas F-15 que transitó por Lakenheath habría participado en operaciones militares y posteriormente se estrelló en Kuwait durante el conflicto, confirmando indirectamente el papel de estas instalaciones en la campaña militar.
Sin embargo, el apoyo británico no se limita al tránsito de aeronaves. Otra dimensión crucial del debate se refiere al uso de bases capaces de lanzar bombarderos estratégicos. Antes del inicio de los ataques contra Irán, el gobierno de Starmer había rechazado permitir que Estados Unidos utilizara dos instalaciones clave para bombardear directamente territorio iraní: RAF Fairford, en Gloucestershire, y la base británica de Diego García, en el océano Índico. Según informes, la negativa inicial se debió al temor de que tales operaciones pudieran violar el derecho internacional.
Estas bases tienen un valor estratégico singular. RAF Fairford alberga la única pista en Europa diseñada para operar bombarderos pesados de la Fuerza Aérea estadounidense, mientras que Diego García posee una pista suficientemente larga para permitir el despegue de bombarderos furtivos B-2, capaces de penetrar profundamente en territorio iraní.
No obstante, la postura británica comenzó a modificarse una vez iniciada la campaña militar. El 1 de marzo, Starmer anunció que Estados Unidos había solicitado —y obtenido— permiso para utilizar bases británicas con el fin de lanzar operaciones que describió como “defensivas”. Poco después, tres bombarderos estadounidenses B-52 aterrizaron en RAF Fairford, sumándose a otros aviones estratégicos B-1 desplegados en la instalación.
Este cambio de postura ha generado interrogantes sobre la capacidad del Reino Unido para controlar cómo se utilizan sus instalaciones militares. Resulta particularmente difícil verificar si los bombardeos estadounidenses realmente se limitan a objetivos considerados amenazas directas para los intereses británicos, especialmente cuando los ataques han alcanzado infraestructuras energéticas y zonas civiles en Irán. En la capital, Teherán, los bombardeos han provocado grandes columnas de humo tóxico que han cubierto partes de la ciudad.
Paralelamente, Londres ha reforzado su presencia militar en la región mediante el despliegue de activos “defensivos”. Desde enero y febrero se enviaron cazas, sistemas de defensa aérea, radares avanzados y equipos capaces de interceptar drones a bases en Chipre y Qatar, con el argumento de mantener un alto nivel de preparación ante la posibilidad de una guerra.
Una vez iniciado el conflicto, las fuerzas británicas han participado activamente en la interceptación de drones iraníes sobre Jordania, Qatar e Irak. También han intensificado las patrullas aéreas con cazas Eurofighter Typhoon y F-35, destinadas a reforzar la presencia aérea occidental y respaldar a las monarquías del Golfo.
Además, el Reino Unido ha desplegado nuevos recursos militares en la región. Cuatro cazas Typhoon adicionales fueron enviados a Qatar para fortalecer las defensas aéreas del Golfo. Paralelamente, el destructor HMS Dragon fue trasladado al Mediterráneo oriental, acompañado por helicópteros Wildcat especializados en neutralizar drones, después de que se produjeran ataques con drones contra la base aérea británica RAF Akrotiri en Chipre.
El HMS Dragon está equipado con misiles Sea Viper, capaces de interceptar drones y misiles, aunque cada disparo tiene un coste aproximado de un millón de libras esterlinas.
En conjunto, estos movimientos muestran que, pese a la retórica prudente del gobierno británico, Londres se ha convertido en un actor clave dentro de la arquitectura militar que sostiene la guerra contra Irán. El apoyo logístico, la infraestructura estratégica y la participación en operaciones defensivas dibujan una implicación que va mucho más allá de la neutralidad declarada oficialmente.
Así, mientras el gobierno británico intenta presentar su papel como limitado y estrictamente defensivo, la realidad militar sugiere que el Reino Unido forma parte integral del dispositivo occidental que sostiene la campaña de presión —y potencialmente de escalada— contra la República Islámica.
Notas a pie de página
- Dania Akkad, “How Britain Is Involved in Trump’s Iran War: Keir Starmer’s Complicity in the Illegal US-Israeli War Started in January When British and American Assets Started Moving to the Middle East”, Declassified UK, 10 de marzo de 2026.