Por Andrei Fursov
¿Qué puede oponerse a la crisis engendrada por la ética de los cambistas y usureros, con su materialismo vulgar y su conversión del éxito empresarial en valor supremo? Ante todo, otra ética: la kshatriya-brahmánica, la ética de los guerreros y de los sacerdotes.
En casi todas las civilizaciones —con la notable excepción de Europa occidental— la aristocracia tradicional supo reconocer la podredumbre social y extirparla antes de que se propagara. En Europa, sin embargo, durante los siglos XVII y XVIII la propia aristocracia terminó sucumbiendo. Primero bajo la influencia del protestantismo y después de la Ilustración, fue penetrada por los llamados «nuevos valores» y perdió la capacidad de resistir la irrupción —al principio furtiva y luego cada vez más descarada— de la civilización del interés usurario.
El surgimiento de una nueva ética exige ciertas condiciones históricas. Entre ellas, una decisiva: la voluntad de una élite radicalmente nueva, formada y preparada de manera consciente para enfrentar colectivamente la crisis.
Habrá quien diga que la aparición de una élite semejante es pura fantasía. Pero también habría parecido una fantasía la aparición de la élite estalinista, que terminó convirtiéndose en el único instrumento de supervivencia soberana de Rusia y de los rusos en el mundo turbulento del siglo XX.