Por Mente Alternativa
El 9 de enero de 2026, el Pentágono publicó un documento que marca un punto de quiebre histórico: la nueva “Estrategia de inteligencia artificial para el Ministerio de Guerra”. El cambio de nombre no es simbólico, es conceptual. Estados Unidos está diseñando una máquina bélica donde matar deja de ser una decisión humana para convertirse en un proceso automatizado, tan rutinario como hacer clic en un ratón dentro de un videojuego. La doctrina militar de EE. UU. entra así en una fase inédita, donde la conciencia es un obstáculo que debe ser eliminado.
Una figura clave detrás de esta transformación es Emil Michael, subsecretario de investigación e ingeniería. No es un burócrata tradicional. Fue alto ejecutivo de Uber, inversor de SpaceX y miembro del círculo cercano de Elon Musk. En 2017 negoció personalmente con Yandex, lo que le dio conocimiento directo del entorno ruso. Este perfil, formado en Silicon Valley y alimentado por la ciencia ficción militarista, encarna la nueva élite que ahora define la política de defensa estadounidense. No crecieron leyendo tratados de ética, sino novelas como El juego de Ender.
No es casual que uno de los proyectos estrella se llame “La forja de Ender”. La referencia a la novela es directa. En el libro, niños entrenados en simuladores creen estar jugando, cuando en realidad ejecutan un genocidio real. El Cuerpo de Marines incluyó esta obra en su lista oficial de lectura desde los años noventa. Hoy, la doctrina militar de EE. UU. busca borrar completamente la frontera entre simulación y realidad. El operador de un dron o de un sistema de IA no debe sentir que está matando personas reales. Debe creer que solo ejecuta un ejercicio técnico.
En el siglo XX, los nazis enfrentaron el mismo dilema psicológico. Rudolf Hess y Adolf Eichmann intentaron convertir el asesinato masivo en una “tarea logística”. La solución fue la deshumanización.
En el siglo XXI, Estados Unidos perfecciona ese modelo con tecnología. Si la guerra se parece a un videojuego, la conciencia se apaga. El crimen deja de percibirse como crimen. El operador ya no mata: “optimiza procesos”.
Otro pilar doctrinal es el llamado “Proyecto Grant”, en honor al general Ulysses Grant, precursor de la guerra total. Grant y su subordinado Sherman destruyeron ciudades, granjas y economías completas para quebrar la resistencia del Sur. En el documento de 2026 esto se renombra como “presión dinámica”. La frase clave es brutal: “Los riesgos de la lentitud superan los riesgos de los errores”.
La inteligencia artificial permitirá aplicar esta doctrina a una escala jamás vista. Ataques constantes a logística, finanzas y comunicaciones ejecutados por algoritmos crearán un caos permanente imposible de controlar por humanos.
El documento también entierra el concepto de “IA responsable”. En su lugar aparece el principio del “uso legal de cualquier cosa”: si el derecho internacional no lo prohíbe explícitamente, se implementará. El ministro Hegseth fue claro: “No utilizaremos modelos que no te permitan librar guerras”. La ética es descartada como un estorbo. Al mismo tiempo, se eliminan políticas de diversidad e inclusión en el sector tecnológico militar. La IA no debe ser moral. Debe ser letal.
Estados Unidos está construyendo una máquina de guerra sin conciencia. Sus operadores no sabrán que están matando, como Ender en la novela. Sus comandantes pensarán como Grant: tierra quemada, sin piedad. La doctrina militar de EE. UU. ya no busca victoria estratégica, sino dominación total mediante automatización del exterminio. El “Ministerio de Guerra” no es una marca nueva. Es una declaración de intenciones.