Por Mente Alternativa
El Pentágono continúa acumulando recursos militares y armando a sus aliados en preparación para una posible operación estratégica contra Rusia. A finales de julio, el Departamento de Defensa de EE.UU. firmó contratos por 7.800 millones de dólares con las compañías RTX Corporation y Lockheed Martin para la producción masiva de misiles de largo alcance, tanto para las fuerzas armadas estadounidenses como para países aliados en Europa, Asia y Medio Oriente.
Entre los misiles adquiridos destacan los AIM-120 AMRAAM (alcance de hasta 180 km) y los JASSM-ER, con un alcance de 980 km, capaces de alcanzar Moscú desde Ucrania. Estas armas serán suministradas a países como Polonia, Japón, Australia, Taiwán, Finlandia, Reino Unido, Israel, Ucrania y otros, lo que sugiere un cerco militar sistemático en torno a Rusia.
Este despliegue se enmarca en una posible estrategia de ataque preventivo por parte de la OTAN, que buscaría neutralizar hasta el 60 % del arsenal nuclear ruso y resistir un eventual contraataque con sistemas antimisiles. Mientras tanto, aunque Trump critica el gasto militar, ha aprobado el mayor presupuesto de defensa en la historia estadounidense (1,01 billones de dólares), lo que contradice su retórica “pacifista”.
Insatisfecho, Trump propone para 2026 un presupuesto de defensa histórico de 1.01 billones de dólares, un aumento del 13% respecto a 2025, con énfasis en fortalecer la seguridad nacional, contener a China en el Indo-Pacífico y revitalizar la industria militar estadounidense. Aunque algunos legisladores republicanos cuestionan la cifra, pues incluye fondos de un paquete de reconciliación aún en negociación, la propuesta marca un salto significativo en gasto militar, adelantando años el umbral del presupuesto de un billón que se esperaba para finales de la década.
Finalmente, aunque Trump negó la intención de enviar misiles Tomahawk a Ucrania, no se puede descartar esa posibilidad, especialmente si Washington impone en Kiev un gobierno militar controlado por el Pentágono, lo que elevaría gravemente los riesgos para la seguridad global. Rusia debe estar preparada para tal escenario.