Por Mente Alternativa
En un artículo publicado por Declassified el 4 de agosto de 2025, el periodista británico Adam Ramsay revela cómo, a pesar de la transferencia formal de soberanía a China en 1997, Hong Kong permanece profundamente ligado al imperio financiero británico. Esta relación no es solo simbólica ni cultural, sino estructural: bancos con sede en Londres, leyes al estilo anglosajón, paraísos fiscales y redes de élite aún sostienen la posición estratégica de Hong Kong como un nodo vital para el capital global. Ramsay expone que, más que ser una reliquia colonial, Hong Kong es hoy una pieza funcional dentro del engranaje financiero británico que sigue operando a escala mundial.
Los lazos entre Reino Unido y Hong Kong son múltiples y persistentes. Dos de los tres bancos autorizados para imprimir dólares hongkoneses, HSBC y Standard Chartered, tienen sede en Londres. La ciudad mantiene un régimen fiscal altamente favorable: bajos impuestos corporativos, exenciones sobre ingresos extranjeros y leyes comunes británicas que benefician a quienes pueden pagar abogados caros. Además, más de 8.000 estudiantes de Hong Kong asisten a internados británicos, y decenas de colegios en la ciudad siguen el currículo del Reino Unido. Esta afinidad cultural y jurídica no es accidental, sino una estrategia para mantener la influencia británica dentro del sistema financiero asiático.
Según Ramsay, este esquema reproduce desigualdad extrema: Hong Kong tiene una de las mayores concentraciones de multimillonarios del mundo y, al mismo tiempo, alberga a cientos de miles de trabajadores migrantes en condiciones precarias. Este modelo no es exclusivo de Hong Kong, sino parte de una red global de paraísos fiscales y zonas grises —como las Islas Caimán, Jersey o Gibraltar— que actúan como satélites del imperio financiero británico. Al mantenerse “suficientemente británico”, Hong Kong también se posiciona como posible centro en un nuevo orden económico global, especialmente si China rompe la hegemonía del dólar. Como concluye Ramsay, para enfrentar el auge del capitalismo autoritario, es imprescindible cuestionar el rol encubridor de Londres y sus aliados financieros globales.