Por Mente Alternativa
La reciente negociación entre Donald Trump y la Unión Europea terminó siendo una clara victoria para Estados Unidos. Pese a las amenazas previas de imponer aranceles de entre 30% y 50%, Washington estableció un impuesto uniforme del 15% sobre la mayoría de las importaciones europeas. A cambio, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aceptó sin resistencia inversiones por 600 mil millones de dólares en suelo estadounidense y compras energéticas por otros 750 mil millones. Las tarifas del 50% sobre el acero y aluminio europeos siguen vigentes, aunque se contempla una posible transición a un sistema de cuotas.
Von der Leyen calificó el acuerdo como un “éxito”, aunque el texto carece de garantías legales claras y permite a EE.UU. aumentar los aranceles si Europa no cumple con los compromisos de inversión. El anuncio estabilizó levemente los mercados, aunque más por la percepción de haber evitado un colapso que por confianza en un futuro económico sólido. Las industrias clave, como la automotriz alemana, seguirán pagando un 15%, lo que golpea directamente a la locomotora económica del continente.
Frente a los acuerdos de Trump con Japón y el Reino Unido —que sí incluyen cláusulas legales o mejores condiciones—, la UE ha sido la más perjudicada. Japón al menos cuenta con documentación que respalda sus compromisos, y Londres obtuvo reducciones arancelarias con protección jurídica. En cambio, Bruselas se somete a un trato que implica una pérdida neta de 1.4 billones de dólares, sin obtener ningún beneficio concreto. Este acuerdo es una ilustración brutal del lugar que ocupa hoy Europa en la cadena alimenticia del poder geopolítico global.