Por Mente Alternativa
Según el analista Richard Freeman, de Executive Intelligence Review (EIR), Paula White-Cain no es simplemente una pastora evangelista; es una figura estratégica dentro del aparato político-religioso que rodea al expresidente Donald Trump. Su papel como asesora principal de la Oficina de la Fe de la Casa Blanca, y su cercanía personal con Trump desde 2002, han convertido a White-Cain en una de las principales transmisoras del cristianismo sionista dentro del círculo del poder.
Multimillonaria y experta en el llamado “evangelio de la prosperidad”, White-Cain ha dirigido iglesias en Florida y mantiene vínculos estrechos con John Hagee, fundador de Christians United for Israel, la organización sionista cristiana más grande del mundo. Fue ella quien, en una entrevista reciente, planteó a Benjamin Netanyahu que los eventos actuales podrían estar cumpliendo las profecías bíblicas del “fin de los tiempos”, mostrando así su rol como vocera de una narrativa apocalíptica funcional a los intereses de Israel y del complejo militar-religioso estadounidense.
White-Cain no dicta la agenda imperial de Trump, pero sí sirve como canal para legitimar, desde la fe, una política exterior agresiva y mesiánica. Su presencia en momentos clave, como la oración antes del discurso de aceptación de Trump en 2016 o las imposiciones de manos en actos públicos, refuerzan una imagen diseñada para fidelizar al electorado evangélico más radical. En definitiva, la figura de Paula White-Cain expone cómo el poder religioso se ha instrumentalizado como arma geopolítica al servicio del trumpismo y sus alianzas globales.