Los Rothschild y los Rockefeller son sólo los nombres más visibles del culmen occidental que controlan el poder global, afirma el historiador Andrei Fursov (1). La verdadera élite se ha reorganizado, fusionando la tecnología, la industria farmacéutica y las finanzas en un sistema donde el control va más allá del dinero, enfocándose en el poder del linaje, algo a lo que solo tiene acceso la antigua aristocracia. Los amos del tablero nunca han sido “purgados”, y en cada era configuran los cambios de modelo de gobernanza global. En un mundo que transita de una globalización unipolar a una fragmentada en macrozonas, el culmen define las reglas sin ser visto, mientras los jugadores y las figuras pelean y actúan según su voluntad, y las estructuras tradicionales de poder desaparecen o se fusionan con nuevas formas de dominación.
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