Aunque las divisiones internas en Europa y la impopularidad del proyecto globalista crecen, las élites occidentales buscan capitalizar cualquier crisis para redibujar el orden mundial, incluso jugando a la multipolaridad, con Rusia como objetivo inmediato y con China como objetivo a mediano plazo. El Consejo de Relaciones Exteriores, brazo de los Rockefeller en EE.UU. y filial del Instituto Real de Asuntos Internacionales, de la carona británica, promueve que Europa financie la guerra en Ucrania como parte de sus presupuestos militares, reforzando la estrategia angloestadounidense de guerra delegada contra Rusia. Asimismo, el bloque atlántico y la aristocracia continental buscan consolidar una “cortina de hierro” desde el Mediterráneo hasta el norte de Europa, para extender el conflicto a Europa central cuando Ucrania termine de caer.
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