Eduardo Feinmann, el periodista argentino que impulsa la narrativa de un supuesto chantaje del narcotráfico mexicano a la selección de Ecuador, fue ungido por la Organización Sionista Mundial como un «amigo de Israel». No es un título honorífico vacío: desde su tribuna mediática, Feinmann opera como un vector estratégico del poder blando que, alineado con Washington y Londres, socava la soberanía argentina mientras su aliado, Javier Milei, desguaza la Patagonia y la economía nacional en beneficio del capitalismo tecnológico y las ambiciones geopolíticas del eje anglo-sionista.
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