Desde sus acciones y documentos estratégicos más recientes, el contraste entre Washington y Pekín revela dos lógicas históricas opuestas: una potencia en declive que actúa desde el miedo para preservar un orden financiero agotado y otra que proyecta desarrollo de largo plazo como base de la estabilidad global; en ese marco, la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. no abandona el imperio, sino que lo repliega y lo reconfigura, convirtiendo a América Latina en el núcleo irrenunciable de una Doctrina Monroe renovada bajo una lógica corporativa y defensiva.
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