Oscuro Claro
La Directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, reveló pruebas de que el Russiagate fue fabricado por Obama, en el marco de una política británica que, según el geoestratega Dennis Small, pretende sabotear la paz entre EE.UU. y Rusia e impulsar la guerra nuclear.

Por Mente Alternativa

En un nuevo y explosivo giro de los acontecimientos, la Directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, ha revelado pruebas desclasificadas que demuestran que la administración Obama fabricó intencionalmente el engaño conocido como “Russiagate”. Según informó Dennis Small en Executive Intelligence Review, estas revelaciones exponen no solo el fraude político en contra del entonces presidente electo Donald Trump, sino también el verdadero objetivo detrás de dicha operación: imponer en Washington una política de confrontación geoestratégica diseñada en Londres. La política británica, en esencia, sigue siendo la fuerza dirigente que empuja al mundo hacia una guerra nuclear con Rusia.

Gabbard presentó el informe desclasificado del Comité Permanente de Inteligencia de la Cámara de Representantes, elaborado en 2020, que concluye que no hubo ninguna inteligencia confiable que justificara la narrativa de la injerencia rusa en las elecciones de 2016. Esa narrativa fue impulsada directamente por Barack Obama, Hillary Clinton y sus operadores de inteligencia —incluidos John Brennan, James Comey y James Clapper— en una reunión secreta celebrada el 9 de diciembre de 2016. El objetivo: forzar una evaluación de inteligencia que afirmara la intromisión rusa, aun cuando contradecía evaluaciones previas que negaban tal interferencia.

El rol de los servicios británicos en esta operación ha sido meticulosamente documentado. El infame dossier Steele —pieza central del Russiagate— fue redactado por un agente del MI6 británico y financiado por la campaña de Clinton. Lo más alarmante, señala Small, no es solo el escándalo en sí, sino la política de fondo que busca impedir una alianza estratégica entre EE.UU. y Rusia. Esta política, diseñada por los arquitectos de la City de Londres, no solo sigue activa, sino que continúa operando incluso a través de la administración Trump, desvirtuando su intento declarado de cooperación con Rusia.

Las tensiones actuales lo demuestran: EE.UU. ha comenzado a trasladar ojivas nucleares al Reino Unido por primera vez desde 2008, mientras que funcionarios británicos abogan abiertamente por un ataque nuclear contra Rusia. Voceros del Kremlin y el ministro de exteriores ruso, Sergey Lavrov, advierten que esta militarización impulsada por Londres y sus aliados en Bruselas empuja al mundo hacia una guerra total.

Small subraya que el verdadero motor de esta locura no es solo geopolítico, sino financiero. La élite transatlántica —City de Londres y Wall Street— busca desesperadamente mantener a flote un sistema colapsado basado en una burbuja especulativa de derivados de 2 cuatrillones de dólares. Ahora apuestan por una nueva estafa llamada “criptomoneda”, bajo la fase de lo que podría denominarse “Quantitative Frenzy” (QF), tras el agotamiento del QE y el QT.

La alternativa a esta catástrofe global ya está en marcha. La próxima cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y el encuentro bilateral entre Vladimir Putin y Xi Jinping en Beijing debatirán los pasos necesarios para construir una nueva arquitectura internacional de seguridad y desarrollo. El Instituto Schiller y su fundadora, Helga Zepp-LaRouche, han propuesto los principios fundamentales para dicha transformación, basados en 50 años de estudios y propuestas de Lyndon LaRouche.

La mano imperial británica detrás del Rusiagate y la gobernanza global —expuesta otra vez



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