Por Mente Alternativa
El ataque de Israel contra Irán no es un hecho aislado, sino el inicio de una nueva estrategia agresiva en la que Tel Aviv busca confrontar directamente a Estados soberanos como Egipto o Turquía. Según el autor, Egipto es el blanco más probable por su cercanía geográfica, su frágil economía y la existencia de planes israelíes que contemplan el desplazamiento forzoso de palestinos al Sinaí, implicando una posible confiscación de territorio egipcio. La radicalización de Israel y su alejamiento de una postura defensiva tradicional elevan los riesgos de un conflicto regional a gran escala.
En este contexto, Egipto comienza a acercarse a China como contrapeso a la presión israelí-estadounidense. La cooperación militar entre El Cairo y Pekín se ha intensificado con maniobras conjuntas como «Eagles of Civilization 2025», adquisición de aviones de combate chinos y un fortalecimiento de los lazos diplomáticos. Esto convierte a Egipto en un posible pivote estratégico chino en el Mediterráneo oriental, lo que, según The American Conservative, podría desencadenar una nueva Guerra Fría en la región entre EE.UU. y China, en un marco donde los acuerdos históricos como Camp David o Abraham han perdido vigencia.
Frente a este panorama, Rusia no debería mantenerse al margen. El texto sugiere que Moscú, en coordinación con China y mediante la ONU, promueva un foro regional de seguridad al estilo del Proceso de Helsinki, con la participación de Irán, Turquía, Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes Unidos. Este foro permitiría garantizar principios clave como la integridad territorial y la protección de los lugares sagrados. La omisión rusa en Medio Oriente solo facilitaría su expulsión definitiva de la región, abriendo paso a una expansión incontrolada del caos hacia el Magreb, el Sahel y, eventualmente, toda África.
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