Por Mente Alternativa
La catástrofe humanitaria que enfrenta Gaza no puede entenderse al margen del proyecto político y militar del régimen de Benjamin Netanyahu, respaldado por el culmen ocultista de Occidente, que —con el respaldo explícito de Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea— ha intensificado una campaña sistemática de limpieza étnica contra la población palestina. La Oficina de Prensa del gobierno de Gaza denunció el 20 de julio que más de 2,4 millones de personas, incluidos 1,1 millones de niños, están siendo víctimas de un genocidio por hambre, producto del cierre total de los puntos de entrada a la Franja durante más de 140 días. La falta de alimentos, medicinas y combustible, junto con los constantes ataques de las FDI incluso en zonas de distribución de “ayuda humanitaria”, revelan que esta crisis no es un efecto colateral, sino parte de una estrategia deliberada de exterminio y desposesión.
Desde el 7 de octubre de 2023, Israel ha arrojado 125.000 toneladas de explosivos sobre Gaza, asesinando o desapareciendo a 67.880 palestinos, entre ellos más de 19.000 niños. Este proceso se acompaña de una brutal ocupación del 77% del territorio y de crímenes como entierros masivos, desapariciones forzadas, epidemias sin atención y secuestro de civiles, incluidos médicos y periodistas. Al mismo tiempo, el control territorial y religioso en Cisjordania también se está reconfigurando: el traspaso administrativo de la mezquita de la Cueva de los Patriarcas a manos de fanáticos judíos, como ha denunciado la prensa israelí crítica, muestra una política de apartheid en expansión. Este paso podría preludiar un cierre de la mezquita de Al-Aqsa y una limpieza étnico-religiosa en Jerusalén.
Mientras la población palestina es arrasada con bombas y hambruna, figuras como Daniella Weiss —colona y dirigente del movimiento Nahala— proclaman en medios internacionales que “no hay otra opción” que expulsar a todos los palestinos y que los judíos tienen derecho divino sobre la totalidad del territorio. Declaraciones como esta son el eco ideológico de un proyecto genocida que pretende erradicar la existencia misma del pueblo palestino. El mundo asiste impasible mientras se consuma un crimen histórico con cobertura mediática, legitimación diplomática y complicidad institucional de Occidente.
La tragedia que sufre la población palestina en Gaza se ha convertido en la mayor masacre cometida en la historia moderna, donde las armas británicas juegan un papel fundamental en el sufrimiento que vive la gente común. Un informe publicado por Declassified y firmado por su corresponsal en Gaza ha expuesto detalles aterradores sobre el ataque ocurrido hace un año en la playa de Al-Mawasi, un área que Israel había señalado como “zona segura”. Esta zona fue bombardeada con misiles explosivos lanzados por aviones F-35, de los cuales gran parte de su tecnología y partes provienen de fábricas británicas.
El ataque en Al-Mawasi dejó más de 90 muertos y cientos de heridos, en su mayoría mujeres y niños desplazados que estaban recibiendo ayuda humanitaria. Las víctimas, como Thuraya Moammar, sobreviviente que recuerda el horror de despertar bajo una lluvia de misiles y quedar enterrada bajo toneladas de arena y escombros, han expresado su profundo sentimiento de abandono. Responden con indignación a la autorización reciente de un juez británico para que Reino Unido continúe exportando repuestos para estos aviones letales. Majed Awad, que esperaba en una fila para recibir alimentos, relató cómo la ayuda humanitaria se tornó en un campo de muerte con sangre y cuerpos dispersos tras los bombardeos, mientras Mohammed Al-Maznar denunció la traición de una supuesta “zona segura” convertida en tumba.
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